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Entre Haití y Palma no hay distancias geográficas
David González Gross
emisora Radio Baraguá
Palma Soriano, 4 feb.- Entre Haití y Cuba hay una relación más que
histórica, pero entre Haití y Palma Soriano no hay distancias
geográficas, ni tierras ni mar que los separe. Para los habitantes
de Palma Soriano, descendientes de haitianos, ni siquiera existe
el famoso Paso de los Vientos, los atraviesan en sus carrozas de
fuego sopladas por Mackandal.
“Me llamo Ramiro Carrión pero ese no debe ser mi apellido
haitiano, porque cuando llegamos de allá, o mejor dicho, cuando
papá llegó a esta isla, nadie en el puerto de Santiago de Cuba
entendía lo que hablaba en creole y un empleado de la aduana,
cansado ya, gritó: ” No entiendo, coño, te voy a poner Ramiro y
Carrión de apellido, que le sirve a todos los negros. Yo nací
aquí, en el Dos de las Cuchillas y allá por los años 50 del pasado
siglo XX, papá me llevó de visita a Haití pero: ¡que va!, aquello
no me gustó. ¡Había un hambre por todos lados tremenda! … ¡tre..men..da!.
Fíjese que me fuí para el aeropuerto y vine para Santiago en el
primer avión que salió”.
Si usted camina por todos los trillos de Dos Palma; La Serafina;
Resurrección; Solís y otros barrios de esa zona serrana de Palma
Soriano, le va a ser muy difícil encontrarse con un blanco. Allí
lo que hay son descendientes de Haití por todos lados. Lo mismo
por la zona de Ramón de Guaninao, Aguacate, Arrollo Blanco, Haití
Chiquito y si se decide por caminar para los llanos cañeros… ¡Dios
mío!, Barranca, Salvadera, Maibío, Junco…¡Por ahí todos son negros
descendientes de haitianos!.
“Mi abuelo se llamaba Pití Granguet. Vino de Haití con mujer y
todo. Cuando se bajó de la goleta en Santiago de Cuba lo
contrataron unos blancos que tenían a un traductor de creole. Vino
directo en un automóvil hasta el Central Palma y de ahí para
Barrancas. Ya ni sé cuántas mujeres tuvo y cuántos hijos y ahora
son tantos los biznietos que si resucitara se quedaría pasmado.
Los Granguet somos un burujón pila de pichones de haitianos.
Tenemos aquí un gagá que todos los años va al Festival del Caribe
y mantenemos las tradiciones. ¡Yo ni sé si soy haitiano cubano o
cubano haitiano!”. ¡No, yo no quisiera ir a Haití y ahora menos! “
En los cortes de cañas del Valle del Cauto, en los cafetales desde
Hongo lo Songo hasta El Ramón de Guaninao, por toda la
precordillera de la Sierra Maestra se dispersaron los haitianos
esclavos, tanto domésticos como los de plantación. Por ahí andan y
ahora son médicos, ingenieros, maestros, sanitarios. ¡Una y mil
profesiones!. Antes de 1959 se dice que ni siquiera eran personas,
no existían, no votaban, estaban a la par de los bueyes y los
caballos. En el siglo XIX les pagaban con vales para la tienda y
en el siglo XX les pagaban con vales, pesetas y plan de machete.
“Me llamo Celestinas Pavó. Soy nacido en Haití, en Porta au Prince
pero criado aquí en Salvadera, Cuba. De niño narigeneaba bueyes,
ajilaba las pilas de cañas, traía agua a los hombres de la familia
que cortaban cañas. Me levantaba a las cuatro de la madrugada y me
acostaba a eso de las nueve de la noche, día a día, domingo a
domingo. La comida era boniato, bacalao, carne seca que también se
le llamaba así, arroz blanco y con frijoles y mucha agua o azúcar
y guarapo para rellenar a las lombrices. Cuando triunfó la
Revolución de Fidel Castro y Raúl Castro vinieron unos rebeldes,
nos tiraron fotos y nos dieron un carné. Luego me enseñaron las
letras y los números, me dieron una pensión de 80 pesos al mes.
Los barracones los limpiaron, fumigaron y nos dieron ropas y
zapatos. ¡Bueno!, a mí me tuvieron que cortar las suñas de los
pies porque con las suñas, así de largas, no me entraba el 42 que
es mi número¨.
No se sabe a ciencia cierta si son haitianos o cubanos. Para mí
que yo los llamaría palmeros, así a secas. Para ellos su tierra
natal, la de sus ancestros es una noticia o un rumor lejano pasado
de generación a generación. Continúan, no obstante con su gagas,
su tafié que les quema la garganta y cortado con un afilado
cuchillo los nuevos a un chivo viejo como lo hacía todos los años
José María en el Dos de las Cuchillas. Haitianos o cubanos, son
personas por sobre todas las cosas, y hermanos nuestros ¡cubanos
todos, negros y blancos!. |