A 143 años de la Protesta de Baraguá

La Invasión mambisa desde Mangos de Baraguá cumplió 125 años
Antonio Maceo Grajales
Antonio Maceo Grajales

La Protesta de Baraguá (15 de marzo de 1878) fue un acto de negativa a aceptar el convenio de paz conocido como Pacto del Zanjón, que dio fin a la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

La Protesta de Baraguá fue liderada por el mayor general Antonio Maceo, otros altos jefes, oficiales y tropas orientales a su mando, protagonizada en Mangos de Baraguá (territorio oriental) el 15 de marzo de 1878

Funcionar bien y con firmeza ideológica

Antonio Maceo Grajales
Antonio Maceo Grajales

Protesta de Baraguá, Antecedentes

La desunión, la dispersión y el caudillismo arrinconaron la Guerra de los Diez Años (1868-1878) hasta el callejón del Pacto del Zanjón, donde el colonialismo español pretendió una injusta paz en los precisos instantes en que los mambises reasumían la iniciativa en Oriente y Las Villas.

Aún así se demostró que todavía en muchos hombres de este país el decoro permanecía inalterable. y que el Pacto del Zanjón era una simple tregua, una breve interrupción de la guerra y no una salida y que se volvería a combatir hasta lograr la verdadera libertad.

Antonio Maceo y su esposa María Cabrales

La falta de unidad había llegado en algunos casos al resquebrajamiento de la disciplina y se erigía como un factor funesto que atentaba contra el alcance de la añorada libertad. Algunos (no todos) asumieron el Zanjón como salida y muchos continuaron empeñados en la lucha en la parte oriental de la Isla.

Martí y Fidel como bandera, en Taller Nacional de la UPEC Santiago de Cuba

A 124 años de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo y los 31 de la Operación Tributo
A 124 años de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo y los 31 de la Operación Tributo

Preparativos de la Protesta de Baraguá

Maceo, que en enero de 1877 había sido ascendido a mayor general y repuesto ya de las graves heridas recibidas el 6 de agosto de ese propio año, en el combate de Mangos de Mejías (ocho en total, cuatro de ellas en el pecho), se incorpora de nuevo a la guerra.

Las victorias resonantes en Florida, Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano en enero y febrero de 1878, le reconfortan por el tiempo perdido en la convalecencia.

Desconocedor de lo que sucedía en Camagüey y Las Villas va en busca de su médico y amigo fraternal, el doctor Félix Figueredo, para comentar los rumores que circulaban de conferencias y tratos con los españoles, en los que no creía.

El doctor Figueredo le dio un amplio informe de las noticias que había recibido.

A una pregunta directa de Maceo sobre la actuación del generalísimo Máximo Gómez, Figueredo contestó que no podía responder más que de sí mismo. Maceo, al oír todo lo que se había dicho de los jefes de la Revolución que aceptaron el convenio con los españoles, se alejó visiblemente disgustado, sin despedirse del amigo.

Hay que tener en cuenta que los cuchicheos también fueron coreados por informaciones aparecidas en periódicos cubanos editados en Nueva York.

Estos publicaron que los jefes mambises rendidos a Arsenio Martínez Campos habían sido comprados del modo más abyecto posible, lo que aprovecharon algunos enemigos del general Gómez para mentir sobre él, argumentando que era del grupo de los sobornados.

La verdad histórica es que, si bien es cierto que Martínez Campos fue pródigo con los traidores en las filas cubanas, es totalmente válido que Máximo Gómez permaneció apartado de las negociaciones y no recibió ni una sola peseta de los españoles.

El 18 de febrero de 1878, en Pinar Redondo, se entrevistaron Gómez y Maceo. Era el momento esperado por el primero para informar al segundo todo lo ocurrido en Camagüey y dar el adiós a la heroica madre de la familia Maceo, a su comadre Mariana Grajales.

Allí conoció de la postura de Maceo en cuanto a no aceptar lo proclamado en el Pacto del Zanjón y su disposición a continuar la lucha. Se enteró también del objetivo del Titán de celebrar una entrevista con Martínez Campos para pedirle una suspensión de hostilidades que le permitiera organizarse; Comprendí la idea aviesa de Maceo para darle un buen golpe al enemigo, y le alenté en la empresa.
Máximo Gómez

El 21 de febrero de 1878, Maceo, escribe a Martínez Campos. Le dice que conoce por Gómez, Rodríguez y Cedeño, comisionados del Departamento Central, lo pactado en Camagüey: Oriente y Tunas se hallan en condiciones de continuar la lucha, no están de acuerdo con la resolución de la Junta del Centro».

Termina solicitando entrevistarse con él y pide cuatro meses de suspensión de hostilidades para consultar la voluntad de todos los distritos que componen ese departamento.

La revolución había perdido mucho vigor. Pero Maceo se sobrepone por encima de todos. Proclama su posición irrevocable de combatir. Su conducta ejemplar arrastra a jefes, oficiales y soldados. Reanima el patriotismo y la entrega a la causa patria.

Antonio Maceo (desde el mismo inicio de la acción liberadora) conoce de la existencia en miembros del Ejército Libertador, colaboradores y partidarios, de fuertes tendencias divisionistas, propugnadoras de la indisciplina y la anarquía en las filas revolucionarias.

Él, soldado por excelencia, orden y disciplina personificadas, se aparta de tales fracciones y se dedica de forma total a combatir (en todo momento y en el lugar que le corresponde) a las fuerzas armadas de la metrópoli que sembraban muerte, hambre y terror a lo largo de toda la Isla.

Protesta de Baraguá

El 15 de marzo de 1878 se realizó la entrevista entre los generales Antonio Maceo y Arsenio Martínez Campos y allí, entre halagos de su homólogo español, Antonio Maceo concretó su posición en pocas, pero precisas palabras:

El general Martínez Campos llegó a Mangos de Baraguá conducido por José Cefí Salas y después de realizar su presentación y la de sus acompañantes, pronunció breves palabras de introducción a la conferencia.

Por su parte, el general Maceo presentó a sus acompañantes y de inmediato comunicó a Martínez Campos que no estaban de acuerdo con el pacto firmado, ya que con el mismo no se lograba la independencia de Cuba, ni la abolición de la esclavitud.

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Posteriormente hablaron el general Manuel Calvar y el doctor Félix Figueredo, quienes reforzaron los planteamientos hechos por Maceo. Seguidamente Martínez Campos replicó: ―Pero es que ustedes no conocen las bases del Convenio del Zanjón.
―Sí ―interrumpió Maceo― y porque las conocemos es que no estamos de acuerdo.

Martínez Campos trató de leer el documento, pero Maceo no se lo permitió al plantearle: Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él.
Antonio Maceo

Como resultado de la conferencia, se acordó que volverían a romperse las hostilidades y se estableció para ello un plazo de ocho días con el fin de que las tropas ocuparan los territorios designados. El capitán de Cambate, Fulgencio Duarte, que había presenciado la entrevista, exclamó: ¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!

Martínez Campos, quien había ido a Baraguá confiado en la facilidad de un arreglo pronosticado por sus confidentes, se retiró moralmente derrotado ante la actitud resuelta y serena de Maceo, líder del pueblo y de la Revolución, dispuesto a seguir luchando hasta vencer o morir.

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Una vez terminada la histórica entrevista, los participantes, en representación del pueblo cubano elaboraron y aprobaron una breve constitución y formaron el Gobierno provisional de Oriente, para continuar la lucha por la independencia de Cuba en la Guerra Necesaria (1895-1898).

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