Por: Marlene Chauvin Callard La Sala Dolores se convirtió en un hervidero de emociones y sonidos vibrantes con la presentación de la banda Cadillac One de Sancti Spiritus, conocida por su innovadora fusión de rock y jazz.

En un concierto que dejó huella en todos los asistentes, Cadillac One nos dio una propuesta musical única y con un carisma contagioso, gracias a sus integrantes quienes lograron conectar con el público desde el primer acorde.
Desde el inicio del espectáculo, la atmósfera se llenó de una energía palpable. La banda Cadillac One compuesta por talentosos artistas de la Ciudad del Yayabo, comenzó su actuación con una versión de Valerie, canción de Amy Winehouse que capturó la atención de los presentes.
La combinación de guitarras eléctricas y ritmos de jazz de Cadillac One, creó una experiencia auditiva que trascendió los géneros musicales.
El sonido envolvente resonó en las paredes de la sala, creando un ambiente íntimo y electrizante, gracias a Cadillac One
La habilidad de los músicos para improvisar era evidente. Cada pieza musical interpretada por Cadillac One convirtió en una plataforma para la expresión individual, donde cada integrante brilló con sus solos.
El saxofonista, siendo el más joven de la banda Cadillac One, con su destreza impresionante llevó al público a un viaje sonoro que evocaba tanto la melancolía como la alegría. Las notas fluyeron como un río desbordado, llevando consigo las preocupaciones del día a día.
La interacción entre los miembros de la banda Cadillac One fue otro aspecto que enriqueció la experiencia. A medida que avanzaba el concierto, se podía observar la complicidad entre ellos. Las miradas cómplices y las sonrisas compartidas revelaban una conexión profunda, resultado de años de trabajo en conjunto.
Esta sinergia de Cadillac One se tradujo en un espectáculo dinámico lleno de sorpresas, donde cada interpretación era única e irrepetible.
El público no se quedó atrás. Desde el primer momento los espectadores respondieron con entusiasmo a cada nota. Las palmas resonaban con el ritmo, y los ritmos de alegría acompañaban cada solo.
La energía colectiva se sentía en el aire, creando un vínculo especial entre los músicos y su audiencia. En un momento, la cantante principal de Cadillac One, invitó al público a chasquear los dedos a ritmo de la música, demostrando así que la música es un lenguaje universal que une a las personas.
A medida que el concierto avanzaba, la diversidad de estilos se hacía evidente. La banda Cadillac One alternó entre temas más pesados y otros más suaves, creando un equilibrio perfecto que mantenía al público en vilo.
Cada transición era fluida, como si los músicos estuvieran contando una historia a través de sus melodías. Esta narrativa musical permitió que cada espectador se sumergiera en diferentes estados emocionales, desde la euforia hasta la reflexión.
El cierre fue apoteósico. La banda Cadillac One interpretó una versión de Fly me to the Moon de Frank Sinatra. Los aplausos y vítores parecían no tener fin, y los músicos respondieron con sonrisas sinceras y gestos de agradecimientos. Fue un momento mágico que selló la conexión entre artistas y público.
Al finalizar la tarde, muchos asistentes abandonaron la Sala Dolores con una sensación renovada.
La fusión de rock y jazz ofrecida por Cadillac One no solo fue un deleite auditivo, fue una experiencia transformadora que dejó una marca imborrable en los corazones de quienes tuvieron el privilegio de estar presentes.
En tiempos donde la música puede ser un refugio, este concierto por Cadillac Onereafirmó el poder del arte para unir y emocionar.
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