Camilo Cienfuegos Gorriarán: nacimiento de una sonrisa eterna

Camilo Cienfuegos, el hombre hecho verso. Edición de Imagen: Santiago Romero Chang.

Por : Isabel María Ferrera Téllez Imagen web: Santiago Romero Chang
Hay hombres que nacen con el destino marcado en la mirada y otros que lo construyen a golpe de audacia; Camilo Cienfuegos hizo ambas cosas.

Palacio de los Pioneros de Santiago de Cuba “Una flor para Camilo”
Palacio de los Pioneros de Santiago de Cuba “Una flor para Camilo”

El 6 de febrero de 1932, en una humilde vivienda de la calle Pocito, en el barrio habanero de Lawton, nació un niño que estaba destinado a convertirse en el más carismático de los héroes cubanos.

Hijo de sastres españoles con profundas convicciones democráticas, Camilo creció en un hogar donde el trabajo honrado y el compromiso social eran el pan de cada día.

De joven, intentó canalizar su sensibilidad a través de la escultura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, pero la realidad de una Cuba convulsa lo obligó a cambiar el cincel por la lucha, emigrando a los Estados Unidos en busca de sustento y regresando con el fuego de la rebeldía ardiendo en el pecho.

Camilo Cienfuegos, Señor de la vanguardia, Comandante Eterno.
Camilo Cienfuegos, Señor de la vanguardia, Comandante Eterno. Imagen web: Santiago Romero Chang

Su entrada en la historia grande fue silenciosa y decidida. Fue el último en ser aceptado en la expedición del yate Granma, pero una vez en la Sierra Maestra, no hubo quien le arrebatara el puesto en la primera línea. Allí, entre el verde húmedo de la montaña y el rigor de la guerra, se forjó el mito del «Señor de la Vanguardia».

Camilo era el hombre que compartía el último cigarro, el que se quitaba las botas para dárselas a un soldado herido y el que, en medio de la lucha, siempre tenía una broma a flor de labios para espantar el miedo.

Su ascenso a Comandante de la Columna 2 «Antonio Maceo» y su épica invasión hacia el occidente, que culminó con la toma de Yaguajay, lo consagraron como un estratega brillante cuya principal arma no era el fusil, sino una humanidad desbordante.

Tras el triunfo de enero de 1959, la figura de Camilo se fundió con el pueblo de una manera que pocos líderes han logrado. Mientras otros bajaban de la Sierra con la rigidez propia de los años de lucha, él traía la risa fresca, el sombrero de alón ladeado y esa sencillez que lo hacía parecer el hermano o el hijo de cada cubano.

Camilo Cienfuegos, Fidel Castro en Santiago de Cuba. Portada: Santiago Romero Chang
Camilo Cienfuegos, Fidel Castro en Santiago de Cuba. Portada: Santiago Romero Chang

Aquella pregunta de Fidel en el campamento de Columbia, «¿Voy bien, Camilo?», no fue un simple intercambio de palabras, sino el reconocimiento público de que Camilo era el termómetro moral de la Revolución. Su lealtad era consciente; una fidelidad nacida de la hermandad en el sacrificio y de un amor profundo por la justicia social que nunca lo abandonó, ni siquiera cuando los galones de jefe militar pesaban sobre sus hombros.

El destino, a veces incomprensible, decidió llevárselo un octubre gris sobre las aguas del mar, en un vuelo que nunca llegó a destino pero que lo aterrizó para siempre en el corazón de la nación.

Camilo-Che hermanos en la lucha
Camilo-Che hermanos en la lucha

Al conmemorar su natalicio, no recordamos a una figura lejana en los libros de texto. Recordamos al hombre de carne y hueso, al que amaba el béisbol, al que lloraba por sus compañeros caídos y al que nos enseñó que se puede ser inmensamente valiente sin perder jamás la ternura.

Camilo Cienfuegos, el hombre hecho verso. Edición de Imagen: Santiago Romero Chang.
Camilo Cienfuegos, el hombre hecho verso. Edición de Imagen: Santiago Romero Chang.

Camilo Cienfuegos sigue siendo hoy, 94 años después, esa flor que se lanza al agua: una presencia viva, una sonrisa que no se apaga y el ejemplo eterno de que la verdadera grandeza reside en no olvidar nunca de dónde se viene.

Las cualidades de Camilo en el sentido de la unidad
Las cualidades de Camilo en el sentido de la unidad. Foto: Archivo de Granma

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