Por: Jorge Ernesto Angulo Leiva
Las Tunas pretende unirse a un club de privilegio en la pelota cubana | jorgeernestoanguloleiva@changlipo

Las hachas comenzaron la postemporada poco afiladas, les costó muchísimo cortar las cañas sembradas con firmeza por los Azucareros de Villa Clara, pero despertaron justo a tiempo para burlar las flechas de los Cazadores artemiseños y abrir el sendero hacia la gran final de la Serie Nacional 64.
Mantienen el deseo de alcanzar la gloria por tercera edición sucesiva, hazaña que colocaría su nombre a la altura de estos grandes: Villa Clara, Santiago de Cuba y también Industriales, el único con cuatro títulos al hilo, bajo el mando de Ramón Carneado, entre 1963 y 1966.
Todavía falta derribar el bosque mejor plantado de todos, el matancero, pero si se engalanara de verde el trofeo de la actual campaña, resultaría el cuarto destinado a las vitrinas tuneras, todos en un periodo de siete años.
La historia nunca aparece terminada y los Leñadores buscan conquistar el derecho de incluirse en el grupo de las nóminas tradicionales en el país. Si dominan esta contienda, su cantidad de lauros dorados hablaría por ellos como una gran credencial.
El conjunto del Balcón del Oriente hizo respetar su primera posición de la etapa regular, en la cual convirtieron dos tercios de los encuentros disputados en victorias. Un sexto desafío con pizarra favorable de 4 a 3 en el 26 de Julio artemiseño expidió el boleto a la final para una nómina que poco a poco borra dudas.
La mesa beisbolera, entonces, está servida para el duelo entre las hachas y los colmillos de los Cocodrilos desde este miércoles en el estadio Latinoamericano. Una fiesta de cumpleaños adelantada, a unos meses del aniversario 80 del Coloso del Cerro.
El verde y el rojo dibujarán la final






















