Por: Isabel María Ferrera Téllez
Al acercarnos al centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz (1926-2026), el líder histórico de la Revolución Cubana cobra una vigencia renovada en las calles santiagueras, pero especialmente en el espíritu de sus jóvenes.

Para Santiago, Fidel es una presencia palpable que habita en la Universidad de Oriente, en los pasillos del antiguo Cuartel Moncada y en el silencio solemne del Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia.
La relación entre Fidel y la juventud santiaguera es un diálogo transgeneracional que, a cien años de su nacimiento, busca responder a los desafíos de un siglo XXI complejo y cambiante.
Las raíces de un vínculo indisoluble
El idilio entre Fidel y Santiago comenzó mucho antes del triunfo de 1959. Siendo apenas un niño llegado de Birán, Fidel descubrió en Santiago los contrastes sociales y la efervescencia política de una urbe con vocación de libertad.
Fue aquí donde estudió en el Colegio de Dolores y donde, años más tarde, regresó convertido en un joven abogado para el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.
Aquella gesta fue protagonizada por la «Generación del Centenario», jóvenes que no superaban, en su mayoría, los 30 años. Hoy, los jóvenes santiagueros de 2026 se ven reflejados en esa audacia. La memoria histórica se encarga de que ese legado sea una comprensión profunda de la ética y la valentía que Fidel personificó.

La Universidad de Oriente: El pensamiento como arma
Uno de los pilares del legado de Fidel en Santiago es, sin duda, la educación. La Universidad de Oriente (UO), institución que él siempre consideró un baluarte, sigue siendo el laboratorio donde se prepara el futuro de la provincia. En vísperas del centenario, el estudiantado universitario no solo estudia su pensamiento político, sino que lo aplica en la ciencia, la innovación y el trabajo comunitario.
«Fidel nos enseñó que la juventud debe ser la vanguardia, pero una vanguardia preparada, con el conocimiento como escudo», comenta una estudiante de Periodismo de la UO mientras recorre la escalinata. Este concepto se traduce hoy en proyectos de soberanía alimentaria, desarrollo de software y la atención a comunidades vulnerables en las zonas montañosas de la Sierra Maestra. La juventud santiaguera entiende que ser «fidelista» en el siglo XXI implica ser eficiente, crítico y profundamente humano.
Santa Ifigenia: El altar de la continuidad
El monolito de piedra que guarda las cenizas de Fidel en Santa Ifigenia se ha convertido en un sitio de peregrinación constante. No es extraño ver a jóvenes graduados depositar sus flores allí.
Este simbolismo tiene una carga emocional poderosa.
Para el santiaguero, el líder no se fue; se sembró en nuestra tierra. El cambio de guardia de honor, ejecutado con precisión milimétrica por soldados jóvenes, es una metáfora visual de la custodia del legado. Sin embargo, el reto que se plantean las nuevas generaciones es llevar esa custodia más allá del mármol: llevarla a la fábrica, al hospital, al surco y al aula.
Desafíos y creatividad en tiempos de cambio
A cien años de su natalicio, el contexto cubano es radicalmente distinto al de los años 60 o 70. La juventud santiaguera enfrenta una realidad económica desafiante, marcada por limitaciones energéticas y presiones externas. Es aquí donde el legado de la «resistencia creativa» que Fidel siempre predicó cobra mayor sentido.
Los nuevos emprendedores, los científicos que trabajan en centros de biotecnología y los artistas que defienden la identidad cultural de la ciudad, ven en la figura de Fidel una brújula de soberanía. La capacidad de Fidel para convertir los reveses en victorias es la lección que más resuena hoy. Frente a la escasez, la respuesta ha sido la autogestión y el uso de la ciencia; frente al desánimo, la cultura y la memoria.
Hacia el centenario: Un compromiso eterno
El centenario de Fidel en 2026 no se vislumbra como una fecha de cierre, sino como un punto de partida. Los proyectos de investigación sobre la cronología del teatro, la preservación del patrimonio escénico y la digitalización de la historia local —liderados en gran medida por jóvenes especialistas— son pruebas de que el pensamiento del líder está ramificado en todas las esferas de la vida social.
Fidel Castro y la juventud santiaguera comparten una esencia común: la rebeldía indómita. A cien años de aquel 13 de agosto de 1926, Santiago de Cuba se prepara para decirle al mundo que su hijo más ilustre sigue vivo en cada joven que decide construir su futuro en esta isla. Y la juventud de Santiago, con la mirada puesta en el próximo siglo, está lista para seguir el camino.























