La magia de la radio se celebra cada día

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Por: Isabel María Ferrera Téllez
Cierra los ojos por un segundo. Imagina un hilo invisible que atraviesa las montañas, cruza el océano y se cuela por la rendija de tu ventana, llevando consigo una melodía que te eriza la piel o una noticia que te cambia el día.

A 139 años del natalicio de Luis Casas Romero, fundador de la Radio en Cuba

Homenaje a los fundadores de la Radio Cubana, a Luis Casas Romero y su hija.

No hay pantallas de por medio, no hay luces cegadoras; solo el sonido puro, íntimo y cálido.

Ese es el milagro cotidiano de la radio, ese «teatro de la mente» que, en su Día Mundial, celebró la capacidad incombustible para conectar corazones a través de las ondas.

Desde que Guillermo Marconi lanzara al aire las primeras señales, la radio ha sido mucho más que un invento tecnológico; se convirtió en la compañera fiel de la humanidad. Ha sobrevivido a la llegada de la televisión, al auge de internet y a la tiranía de los algoritmos.

¿Por qué?

Porque la radio tiene algo que ningún otro medio posee: alma. Es la voz que te susurra en la soledad de la madrugada, el ritmo que te acompaña mientras cocinas y la alerta urgente que te salva en medio de una tormenta.

El brillo de los «invisibles»

Casi siempre, el reconocimiento se lo llevan las voces. Esas cuerdas vocales aterciopeladas o enérgicas que saludan cada mañana se vuelven parte de nuestra familia. Pero hoy, queremos que el foco se mueva un poco hacia los lados, hacia la penumbra de la cabina, donde ocurre la verdadera alquimia.

Detrás de cada palabra que sale al aire, hay un ejército de «magos invisibles» que hacen posible el prodigio. Hablamos del realizador de sonido, ese equilibrista que, con los dedos sobre la consola, mezcla la música con la palabra exacta. Es quien sabe poner el silencio justo para crear tensión o la ráfaga musical que nos levanta el ánimo.

Sin su oído clínico, la radio sería solo ruido; con él, es arte.

No podemos olvidar al productor, ese arquitecto de lo imposible. Es quien corre por los pasillos con un teléfono en cada oreja, gestionando la entrevista de último minuto, verificando datos y asegurándose de que el reloj —ese dictador implacable de la radio— no le gane la partida al contenido.

El productor es el motor que no se ve, pero que empuja cada programa hacia el éxito.

Y qué decir del guionista, el poeta de lo efímero. Escribir para el oído es una de las artes más difíciles: hay que pintar paisajes con sustantivos y emociones con adjetivos, sabiendo que el oyente solo tiene su imaginación para «ver» lo que se le cuenta.

Junto a ellos, los editores y técnicos de planta garantizan que esa señal no se pierda para que la antena siga siendo el faro de la comunidad.

Un puente de aire en un mundo digital

En la era del streaming y los podcasts, la radio en vivo mantiene una frescura que nadie le quita: la inmediatez de lo que está sucediendo «ahora mismo».

Es un medio democrático por excelencia. No necesita planes de datos costosos ni dispositivos de última generación; una vieja batería y un receptor de transistores bastan para romper el aislamiento del rincón más remoto del planeta.

La radio es, además, el refugio de la palabra hablada. En un mundo saturado de imágenes rápidas y superficiales, la radio nos invita a escuchar, una capacidad que estamos perdiendo como sociedad.

Nos obliga a detenernos, a procesar, a imaginar el rostro de quien nos habla y a construir nuestros propios escenarios mentales.

Este, 13 de febrero, fue el brindis es para todos. Para el locutor que sonríe frente al micrófono aunque tenga el corazón roto, sabiendo que su misión es acompañar. Para el técnico que pasa la noche en vela manteniendo los transmisores. Y, por supuesto, para el oyente, que es el destino final de este viaje de ondas.

A los que creen que una noticia bien contada puede cambiar el mundo y que una canción puesta en el momento exacto puede salvar una vida. Gracias por seguir siendo esa voz en la oscuridad y ese abrazo en el aire.

Aquí tienes una versión especial y extendida, diseñada para capturar la esencia de la FM 95.1, integrando los programas emblemáticos y rindiendo homenaje a todo el equipo técnico.

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