Mayda Goite Pierre, santiaguera Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025

«¿Apasionarme con lo que hago? Eso solo con el Derecho»

Por: Carmen Maturell Senon
Mayda Goite Pierre, a propósito del Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025, que le fuera otorgado recientemente | internet@granma.cu

Ley de los Símbolos Nacionales en Santiago de Cuba
Mayda Goite Pierre, santiaguera Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025

Entre lo que más atesora están las simples cosas: leer, escuchar música, su casa… Foto: Ismael Batista Ramírez
¿Acaso será verdad eso de que el destino existe, o es el destino tan incierto que cuando se construye casi a la perfección, parece que siempre estuvo ahí, predeterminado para la persona?

Nadie lo puede asegurar con exactitud. Mucho menos Mayda, quien sabe que de decisiones está hecho el mundo y que, para decidir, más vale ser justo y «de vez en cuando» guiarse por la intuición.

Quizá por eso estudiar Derecho fue una de las alternativas. «Porque la arquitectura también me gustaba, pero mi papá decía que yo era muy leguleya y que, si se trataba de hablar, estaba yo. Entonces dije: “pues, estudiaré Derecho”».

Mayda Goite Pierre tiene 64 años. Es santiaguera de «pura sepa». De esas que atesoran el haber estudiado en la Ciudad Escolar 26 de Julio, el haber puesto una pañoleta cuando tenía nueve años a otro niño «el día que Fidel fue al Cuartel Moncada y, luego, el haber forjado mi carrera en la Universidad de Oriente, marcó mi vida».

Recientemente ganó el Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025, y se convirtió en la cuarta mujer en la historia en obtener ese galardón en Cuba. «Pero, como dice una amiga: “cuando gana una, ganamos todas”».

Para esta conversación puso en pausa algunas de las tareas de su día, porque, entre las decisiones que siempre toma, en esta también se dejó guiar por la intuición. ¿Será que su destino ya estaba escrito?

EL DERECHO COMO MENTOR

«Cuando se estudia Derecho, uno se convierte en un ciudadano que sabe de leyes, y entonces cambia el lenguaje, la manera de expresarse sobre la sociedad, la manera de observar. Se necesita tener la disposición para ser humanista, para entender que alguien se puede equivocar y que, más allá del requerimiento de la ley, debe haber una oportunidad», dice.

De sus inicios recuerda casi todo: al profesor Baquero, de Derecho Penal, de quien fue alumna ayudante y que le dijo, cuando le propusieron a ella quedarse en la Universidad, «que primero tenía que ir a la calle a trabajar, a poner en práctica lo aprendido y que de regreso se vuelve a la Universidad».

Pero Mayda eligió hacer las dos cosas, «impartí clases y me vinculé al ejercicio profesional en las instituciones del sector jurídico de Santiago de Cuba». En esos vaivenes estuvo en el Tribunal Supremo Provincial, en la Oficina de Bufetes Colectivos y después en la Fiscalía, en donde asegura que encontró una vocación importante. Aunque fue «una cosa rara, porque normalmente la gente va a la Fiscalía y luego va a la Universidad. Y yo lo hice al revés.

«Por azares de la vida, vine para La Habana y comencé a trabajar en la Facultad de Derecho, de la que fui decana». Y si la Universidad Oriente es acreedora de sus cimientos, la Universidad La Habana (UH) «me aportó el crecimiento.

«Entré al Departamento de Ciencias Penales y Criminológicas, un departamento fuerte, con muchos profesores vinculados a la enseñanza del Derecho, a la investigación y los proyectos. Y todo eso son improntas que se reciben».

Y de esas improntas, el Derecho Penal caló tanto que se especializó. Para ella, ejercer esta arista «requiere de mucho amor, de contención social, de tener paradigmas y ser éticos. Si no gusta muchísimo, tampoco se puede enseñar.

«El Derecho Penal, si se mira desde su génesis, significa prevención y deberíamos exhibirlo con esa visión. Decirle al ciudadano que nosotros no estamos aquí para sancionarte, sino para decirte que tienes que tener un buen comportamiento en la sociedad».

Y su compromiso con esa práctica la condujo a participar en la reforma constitucional y legislativa como miembro de los grupos redactores del nuevo Código Penal, la Ley de Proceso Penal y la Ley de Ejecución.

Para ella, la norma abre una ventana de sanciones que permiten elegir varias formas de juzgar. «Casi ningún país se ha atrevido a transformar esas leyes en un mismo momento y en muy corto tiempo. Y, aunque no son perfectas, sí están acordes a las características de los cubanos. Por tanto, es un Código renovado, que protege la vulnerabilidad: orienta un carácter de protección integral a las niñas, niños y adolescentes, protege al género en sus diversas manifestaciones, así como las posibles vulneraciones que puedan existir».

LAS SIMPLES COSAS

A Mayda se le ve tan ligera, que pareciera no cargar con el peso de una vida cotidiana hecha de renuncias, esas que deben hacerse casi por pasividad, porque hay cosas que para lograrlas ameritan sacrificios.

Recuerda aquellos días en los que buscaba a su hijo en el «círculo a las ocho de la noche, luego de que salía de algún juicio». O los días en los que se lo llevaba para el Tribunal y allí el muchacho debía esperar. «Porque su familia era chiquita» y sus padres, aunque no sabían con precisión lo que era el Derecho, «solo que era algo importante, hacían lo que podían, me ayudaban bastante».

Por eso cree que no existe desarrollo profesional que no esté marcado por una familia detrás. «Y no hay ninguna mujer científica que no tenga que dar gracias a su familia. No hay. Porque solo así puedes sostener “la carga” que significa desarrollo profesional y ser mujer».

Lo cierto es que no sabe si decir que siente gran satisfacción por ser presidenta de la Sociedad Cubana de Ciencias Penales; que estar parada en un estrado, hablar de Derecho y hacer un juicio «no lo cambiaría por nada en el mundo»; o que algo tan simple como estar en su casa, escuchar música y coger entre sus manos un libro de Isabel Allende para releerlo, es uno de sus mayores placeres.

Y no puede faltar el «grupo de amigas, llamadas las Chicas Malas, porque todas tenemos achaques, pero nos reunimos para hablar y tomar café».

A las cosas simples siempre vuelve antes de que sean devoradas por el tiempo. Será por eso que una silla en la Facultad de Derecho de la UH pareciera tener su nombre, y porque no hay mayor mérito que antiguos estudiantes le escriban para decirle que tuvieron un caso en el que se acordaron de ella. «Entonces pienso: si mi alumno, diez años después, recordó algo de lo que yo le dije, he hecho las cosas bien».

Por eso, Mayda dice ser también «del barrio, de la calle, de los vecinos». De esa generación de cubanos que anda por ahí con lo que tiene, que es, esencialmente, orgullo.

Cuando se le pregunta si se imagina habiendo estudiado otra cosa, no titubea. Expresa que «a la vuelta de 40 años, digo que no. Si no hubiera estudiado Derecho, me hubiera sentido muy mal. Me gusta la responsabilidad, y siempre hubiera hecho las cosas de manera responsable, pero, ¿apasionarme con lo que hago? No, no. Eso solo con el Derecho.

«Cada vez que tengo la oportunidad, digo que me voy a meter en un proyecto. Y a veces me pregunto qué hago metida en tantas cosas, pero me autocomplazco diciendo que, quizá, así no tendré Alzheimer».

La risa le gana, cómplice; y entre la solidez de las leyes Mayda sigue tomando decisiones justas y guiadas por la intuición. Aún no sabe si su destino está escrito o si fue ella quien lo escribió.

¿Acaso será verdad eso de que el destino existe, o es el destino tan incierto que cuando se construye casi a la perfección, parece que siempre estuvo ahí, predeterminado para la persona?

Nadie lo puede asegurar con exactitud. Mucho menos Mayda, quien sabe que de decisiones está hecho el mundo y que, para decidir, más vale ser justo y «de vez en cuando» guiarse por la intuición.

Quizá por eso estudiar Derecho fue una de las alternativas. «Porque la arquitectura también me gustaba, pero mi papá decía que yo era muy leguleya y que, si se trataba de hablar, estaba yo. Entonces dije: “pues, estudiaré Derecho”».

Mayda Goite Pierre tiene 64 años. Es santiaguera de «pura sepa». De esas que atesoran el haber estudiado en la Ciudad Escolar 26 de Julio, el haber puesto una pañoleta cuando tenía nueve años a otro niño «el día que Fidel fue al Cuartel Moncada y, luego, el haber forjado mi carrera en la Universidad de Oriente, marcó mi vida».

Recientemente ganó el Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025, y se convirtió en la cuarta mujer en la historia en obtener ese galardón en Cuba. «Pero, como dice una amiga: “cuando gana una, ganamos todas”».

Para esta conversación puso en pausa algunas de las tareas de su día, porque, entre las decisiones que siempre toma, en esta también se dejó guiar por la intuición. ¿Será que su destino ya estaba escrito?

EL DERECHO COMO MENTOR

«Cuando se estudia Derecho, uno se convierte en un ciudadano que sabe de leyes, y entonces cambia el lenguaje, la manera de expresarse sobre la sociedad, la manera de observar. Se necesita tener la disposición para ser humanista, para entender que alguien se puede equivocar y que, más allá del requerimiento de la ley, debe haber una oportunidad», dice.

De sus inicios recuerda casi todo: al profesor Baquero, de Derecho Penal, de quien fue alumna ayudante y que le dijo, cuando le propusieron a ella quedarse en la Universidad, «que primero tenía que ir a la calle a trabajar, a poner en práctica lo aprendido y que de regreso se vuelve a la Universidad».

Pero Mayda eligió hacer las dos cosas, «impartí clases y me vinculé al ejercicio profesional en las instituciones del sector jurídico de Santiago de Cuba». En esos vaivenes estuvo en el Tribunal Supremo Provincial, en la Oficina de Bufetes Colectivos y después en la Fiscalía, en donde asegura que encontró una vocación importante. Aunque fue «una cosa rara, porque normalmente la gente va a la Fiscalía y luego va a la Universidad. Y yo lo hice al revés.

«Por azares de la vida, vine para La Habana y comencé a trabajar en la Facultad de Derecho, de la que fui decana». Y si la Universidad Oriente es acreedora de sus cimientos, la Universidad La Habana (UH) «me aportó el crecimiento.

«Entré al Departamento de Ciencias Penales y Criminológicas, un departamento fuerte, con muchos profesores vinculados a la enseñanza del Derecho, a la investigación y los proyectos. Y todo eso son improntas que se reciben».

Y de esas improntas, el Derecho Penal caló tanto que se especializó. Para ella, ejercer esta arista «requiere de mucho amor, de contención social, de tener paradigmas y ser éticos. Si no gusta muchísimo, tampoco se puede enseñar.

«El Derecho Penal, si se mira desde su génesis, significa prevención y deberíamos exhibirlo con esa visión. Decirle al ciudadano que nosotros no estamos aquí para sancionarte, sino para decirte que tienes que tener un buen comportamiento en la sociedad».

Y su compromiso con esa práctica la condujo a participar en la reforma constitucional y legislativa como miembro de los grupos redactores del nuevo Código Penal, la Ley de Proceso Penal y la Ley de Ejecución.

Para ella, la norma abre una ventana de sanciones que permiten elegir varias formas de juzgar. «Casi ningún país se ha atrevido a transformar esas leyes en un mismo momento y en muy corto tiempo. Y, aunque no son perfectas, sí están acordes a las características de los cubanos. Por tanto, es un Código renovado, que protege la vulnerabilidad: orienta un carácter de protección integral a las niñas, niños y adolescentes, protege al género en sus diversas manifestaciones, así como las posibles vulneraciones que puedan existir».

LAS SIMPLES COSAS

A Mayda se le ve tan ligera, que pareciera no cargar con el peso de una vida cotidiana hecha de renuncias, esas que deben hacerse casi por pasividad, porque hay cosas que para lograrlas ameritan sacrificios.

Recuerda aquellos días en los que buscaba a su hijo en el «círculo a las ocho de la noche, luego de que salía de algún juicio». O los días en los que se lo llevaba para el Tribunal y allí el muchacho debía esperar. «Porque su familia era chiquita» y sus padres, aunque no sabían con precisión lo que era el Derecho, «solo que era algo importante, hacían lo que podían, me ayudaban bastante».

Por eso cree que no existe desarrollo profesional que no esté marcado por una familia detrás. «Y no hay ninguna mujer científica que no tenga que dar gracias a su familia. No hay. Porque solo así puedes sostener “la carga” que significa desarrollo profesional y ser mujer».

Lo cierto es que no sabe si decir que siente gran satisfacción por ser presidenta de la Sociedad Cubana de Ciencias Penales; que estar parada en un estrado, hablar de Derecho y hacer un juicio «no lo cambiaría por nada en el mundo»; o que algo tan simple como estar en su casa, escuchar música y coger entre sus manos un libro de Isabel Allende para releerlo, es uno de sus mayores placeres.

Y no puede faltar el «grupo de amigas, llamadas las Chicas Malas, porque todas tenemos achaques, pero nos reunimos para hablar y tomar café».

A las cosas simples siempre vuelve antes de que sean devoradas por el tiempo. Será por eso que una silla en la Facultad de Derecho de la UH pareciera tener su nombre, y porque no hay mayor mérito que antiguos estudiantes le escriban para decirle que tuvieron un caso en el que se acordaron de ella. «Entonces pienso: si mi alumno, diez años después, recordó algo de lo que yo le dije, he hecho las cosas bien».

Por eso, Mayda dice ser también «del barrio, de la calle, de los vecinos». De esa generación de cubanos que anda por ahí con lo que tiene, que es, esencialmente, orgullo.

Cuando se le pregunta si se imagina habiendo estudiado otra cosa, no titubea. Expresa que «a la vuelta de 40 años, digo que no. Si no hubiera estudiado Derecho, me hubiera sentido muy mal. Me gusta la responsabilidad, y siempre hubiera hecho las cosas de manera responsable, pero, ¿apasionarme con lo que hago? No, no. Eso solo con el Derecho.

«Cada vez que tengo la oportunidad, digo que me voy a meter en un proyecto. Y a veces me pregunto qué hago metida en tantas cosas, pero me autocomplazco diciendo que, quizá, así no tendré Alzheimer».

La risa le gana, cómplice; y entre la solidez de las leyes Mayda sigue tomando decisiones justas y guiadas por la intuición. Aún no sabe si su destino está escrito o si fue ella quien lo escribió.

Mayda Goite Pierre, santiaguera Premio Nacional de Derecho Carlos Manuel de Céspedes 2025

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *