En Imàgenes, Fidel en Santiago de Cuba

Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba

Fidel en Santiago de Cuba- «Los hombres pueden morir, ¡pero los ejemplos no morirán jamás!; los hombres pueden morir, ¡pero las ideas no morirán jamás! (APLAUSOS) Y aquí estamos dispuestos a regar con nuestra sangre nuestras ideas, y ningún ejemplo digno, ninguna idea justa ha sido jamás vencida

«¡Hasta pronto, santiagueros!
¡Hasta siempre, como decía el Che, santiagueros heroicos, santiagueros
patriotas, santiagueros revolucionarios!»

Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba

Fragmento del DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN LA CLAUSURA DEL IV CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA, EFECTUADA EN LA PLAZA, GENERAL «ANTONIO MACEO», EN LA CIUDAD HEROE DE SANTIAGO DE CUBA, EL DIA 14 DE OCTUBRE DE 1991.

Mensaje de Fidel a los Periodistas Cubanos sobreviven en 2021

Fidel en CMKC, Radio Revoluciòn
Fidel en CMKC, Radio Revoluciòn

Fidel: Solo dando el ejemplo se puede obtener la victoria

Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba

«Trabajar, trabajar y trabajar, ese fue el consejo de Fidel»

Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba

Estos días de Cuba y de Fidel

Gracias Fidel…

Fidel en Santiago en Cuba
Fidel en Santiago en Cuba

Dos puntos debo mencionarte que tuvieron excepcional importancia en nuestra guerra revolucionaria:

Punto 1: La batalla de Guisa, iniciada por fuerzas de la Columna 1, que no rebasaban, cuando partimos de la Sierra, los 120 hombres, detrás nos seguían 1 000 reclutas de la Escuela de Instrucción de Minas del Frío.

El total de hombres de la columna con armas de guerra, cuando llegamos a Guisa, no rebasaba los 200 combatientes, incluyendo parte de las armas de una compañía que se pasó a nuestras filas, bajo el compromiso de que no serían obligados a combatir contra sus antiguos compañeros.

Las fuerzas de operaciones, con sede en Bayamo, a las que nos enfrentamos en Guisa, sumaban de 3 a 4 mil hombres y eran las mejores tropas con que contaba el enemigo. Su jefe, el General Cantillo, militar de carrera, gozaba de gran prestigio y no era criminal de guerra.

En los combates por la posesión de Guisa, que duraron 10 días, el adversario empleó tanques y artillería pesada, más la aviación que operaba desde el amanecer durante casi 12 horas. Las fuerzas enemigas, que nos superaban en número por lo menos 15 veces cuando se iniciaron los combates, fueron derrotadas en la batalla de Guisa, que en aras del tiempo omito describir. Está narrada en una Reflexión.

El cuartel de la pequeña urbe y los almacenes repletos de víveres quedaron en nuestras manos. Nuestros reclutas se convirtieron en soldados a los cuales confiar cualquier misión y nuestros combatientes con armas de guerra, se duplicaron. La repercusión de esa batalla se pudo apreciar muy pronto en hechos concretos.

Punto 2: Otro acontecimiento de gran trascendencia sin el cual no podía concebirse la fulminante victoria total que prosiguió al Primero de Enero:

La ocupación de Santiago de Cuba y el acto histórico constituyó un hecho de gran trascendencia si se toma en cuenta que esta vez la Ciudad Héroe estaba en manos de los revolucionarios. Pero no era suficiente.

En la Capital se había producido un Golpe de Estado promovido por los yankis, un nuevo Presidente había sido proclamado por Cantillo en la persona del magistrado más antiguo del tribunal constitucional, el Coronel Barquín, líder de los llamados militares puros, se hallaba en Columbia, maniobrando con el grupo de asesores norteamericanos inspiradores del golpe. Camilo no había llegado a La Habana ni el Che a la Cabaña. Salieron el dos de enero y estaban a más de 300 kilómetros de la capital.

En Bayamo estaban los tanques pesados y la artillería de campaña. La activa aviación que combatió contra nosotros durante toda la guerra, no estaba controlada. El Coronel Barquín me llamó a Santiago el día primero por la noche. Pedí le comunicaran tajantemente que en Columbia no hablaría más que con Camilo.

A grandes rasgos podrás comprender la importancia que tenían las fuerzas acantonadas en Bayamo, en esas peculiares circunstancias.

Yo venía avanzando por la carretera central con mil curtidos soldados de los combates de Guisa, Baire, Jiguaní, Palma Soriano y Maffo. Conmigo venía un grupo de tanques conocidos como maquintoches, sobre estera, con cañones calibre 37 milímetros, de los que defendían a Santiago de Cuba, con la propia tripulación que se subordinó a nosotros después de la reunión con los oficiales del Caney.

Al llegar a Jiguaní en horas del mediodía del 3 de enero, con un grupo de 40 hombres, entre los cuales estaba Leopoldo Cintra, me dirigí a un estadio en la ciudad de Bayamo, donde había convocado a las tropas de operaciones. Allí se reunieron más de tres mil soldados de élite con todas sus armas.

Entre ellos estaban los tripulantes de los tanques pesados y la artillería. Habían sido los subordinados directos del General Cantillo que no había hecho honor a los compromisos contraídos. No albergaba duda alguna de que aquella tropa se uniría a nosotros, sus adversarios, los que combatió durante dos años hasta el día anterior.

En pocos sitios me recibieron con tanto entusiasmo. Era el premio a nuestra política de guerra y nuestra batalla de ideas. Fue una excepcional victoria frente al imperio que impuso al pueblo de Cuba la tiranía sangrienta de Batista.

No había que derramar una gota más de sangre para iniciar el largo camino de la Revolución.

Tampoco me cabe la menor duda de que con el apoyo de todo el pueblo, el país totalmente paralizado por la huelga general revolucionaria y todos los medios de radio en nuestras manos, el avance de nuestras fuerzas era incontenible. El progreso de las tropas de Camilo y el Che hacia la Capital, sin hacer un disparo, lo estaba demostrando. Nadie combatiría contra ellos.

He pensado muchas veces que un mejor trabajo político con esos oficiales y soldados que me acompañaron hasta la Capital, habría restado al imperialismo materia prima para los grandes crímenes que cometió los años subsiguientes contra nuestro pueblo.

La lucha de la oligarquía y la burguesía rica contra la Revolución, desde luego que no podía impedirlo nadie. Ello no nos excusa de errores tácticos, afortunadamente nunca de tipo estratégico.

Los oficiales rebeldes con que tú, por instrucciones de Raúl, reforzaste mi modestísima seguridad personal, fueron excelentes.

No olvidaré nunca los servicios prestados por Leoncito, Vazquecito, Valle, que me acompañaron incluso en la captura de los primeros bandidos en el Escambray, cuando llegó la hora de enfrentar otros enemigos. Sin el apoyo de ellos y de otros que tú me enviaste, hablar de seguridad en medio de tantos planes enemigos habría sido un sueño.

Fidel, Comandante de la solidaridad

Fidel en Santiago en Cuba
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26 de Julio 1960: Más de un millón de cubanos en la Sierra Maestra con Fidel

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