Por: Luis Alberto Portuondo
Frente al Palacio de Justicia, y muy cerca de la Posta 3 del Moncada, el pueblo de la Ciudad Héroe patentizó su respaldo al Líder al frente de la Revolución | internet@granma.cu

Más allá del simbolismo del Palacio de Justicia -desde donde el joven Raúl Castro apoyó el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953-, la concentración de santiagueros, que en horas tempranas de la mañana se realizó en sus predios, demostró nuevamente el entrañable cariño, respeto y reverencia hacia el Líder al frente de la Revolución.
Es el mismo pueblo que lo acogió en su infancia y le resguardó cuando los esbirros de la tiranía de Batista hicieron un baño de sangre tras la Gesta del Moncada, «Raúl fue de los que no dejó morir al Apóstol en el año de su Centenario, y hoy hay que defender esta obra frente a las agresiones recrudecidas justo en el año del Centenario del Comandante en Jefe», expresó a Granma, el joven Carlos Leyva Isaac.
Una tribuna abierta de denuncia y antimperialismo, «porque quien se mete con Raúl, se mete con Cuba y, especialmente, con Santiago, donde siempre le esperará la victoria», manifestó Luis Enrique Ibáñez Arranz.
El sitio no fue escogido al azar, allí arrancó el motor pequeño de la Revolución, sufrieron martirio Abel y otros moncadistas; y también -en el cercano hospital civil Saturnino Lora-, hubo un juicio parcializado en que el acusado devino en acusador con su alegato de autodefensa y la incónica frase: «condenadme, no importa, la historia me absolverá».
«A Raúl, tanto su ejemplo personal como la propia historia lo han absuelto; no necesita reconocimiento de nadie más que su pueblo, y eso es incuestionable», dijo Fernando Rodríguez Rodríguez.
El derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996 no fue un accidente, sino el desenlace de una provocación sostenida.
Durante años, Cuba denunció incursiones ilegales en su espacio aéreo mientras Washington miraba hacia otro lado.
Documentos desclasificados revelan que EE.UU. sabía que la tragedia era probable. El hecho sirvió de pretexto para endurecer el bloqueo con la Ley Helms-Burton, mostrando cómo la política se impuso sobre la seguridad y el respeto internacional























