En coincidencia con el aniversario 30 de la caída en combate del Comandante Ernesto Che Guevara en la selva boliviana, la Academia de Ciencias de Cuba publicó en 1998 la historia sobre su primera visita a la institución en pleno proceso de fundación por eminentes personalidades de la época, surgida años antes con el título de Comisión Nacional. (ACN)

Tal encuentro transcurrió en 1964, cuando era ministro de Industrias, donde expresó su asombro por ser el primero en hacerlo a los salones, museos y departamentos del grupo originario, presidido por el doctor Antonio Núñez Jiménez, en momentos carentes de científicos por el robo de cerebros que promovía el gobierno de Estados Unidos para impedir a los profesionales el acceso a la ciencia y la técnica.
Realmente, no esperaba una reunión tan nutrida y tan protocolar, pidió disculpas por haberlo esperado tanto tiempo en el recorrido por las instalaciones y manifestó con su peculiar estilo: “La Academia comenzó en una forma algo extemporánea en cuanto a su creación”.
De acuerdo con el texto de su intercambio, aparecido en el libro “Documentos de la Revolución Cubana 1964”, de la Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 2012, en el hilo de su extensa conversación, aclaró que en su opinión no se trataba sobre el alcance de la Academia, sino la cantidad de frentes y organismos que debe dirigir.
“Pero, naturalmente, no se escapa a nadie que la base de su desarrollo impetuoso en los años futuros debe hacerse en una ciencia cada vez más desarrollada”.
Por esa razón, enfatizó, en que debe tener una tarea específica y de primer orden, no para ahora, no pretender trabajar sobre la física atómica, con los ojos puestos en el plan de 1965 o 1970, sino ver qué pasa en el mundo en los próximos 20 años.
Refiriéndose a las máquinas herramientas, estimó que la mecánica es una de las disciplinas en proceso de equilibrio más grande y asequible que pudiera hacerse en otras, como la utilización de los materiales de la construcción, la sustitución de la madera y el acero por el plástico y por los metales especiales, todo lo cual tiene una importancia económica en la elección de las vías de desarrollo.
Consideró que la Academia debe ser el resultado de la comprensión de la ciencia o de sus componentes y cualquiera que sea su desarrollo tiene que plantearse los problemas políticos y económicos que están detrás de cada una de esas cuestiones.
“Y eso es, más o menos, lo que yo creo, que debe hacerse aquí en el desarrollo científico, viendo a la Academia de Ciencias como rectora de toda la ciencia cubana en los años por venir”.























