Apuntes de la Constitución de 1902 en Cuba

Constitución de 1902, apuntes históricos.

CMKC, Radio Revolución.- El gobierno de Washington, preocupado por los frecuentes trastornos políticos y sociales de su Neocolonia, había diseñado una política de verdadero tutelaje, la llamada “diplomacia preventiva”, que alcanzó su punto culminante con la designación del general Enoch Crowder en funciones de virtual procónsul, para supervisar y fiscalizar al gobierno de Alfredo Zayas (19211925), cuya administración sería escenario de trascendentales movimientos políticos.

El movimiento estudiantil manifestaba un marcado radicalismo que, vertebrado en el propósito de una reforma universitaria, rebasaría rápidamente el marco en el que había surgido para asumir francas proyecciones revolucionarias bajo la dirección de Julio Antonio Mella. El siguiente juicio del Dr. Raúl Roa lo corrobora: “… la reforma universitaria no agotó su contenido ni su alcance en la transformación docente, académica y administrativa de la universidad. Fue siempre mucho más lejos. (…) De ahí su batallar contra las dictaduras, su acento antiimperialista, su vinculación al movimiento obrero, su solidaridad con los pueblos oprimidos.”

La intelectualidad cubana, heredera de una cultura y una conciencia nacional forjada en el siglo pasado, desplegó una gran labor en la literatura y en la prensa para expresar el sentir de aquel momento.

Por otra parte, el desarrollo ideológico y organizativo del proletariado, influenciado por la Revolución de Octubre en Rusia, se materializaría en la constitución de una central obrera nacional en 1925. Coincidentemente, y como expresión de la conjunción de las corrientes políticas más radicales del movimiento personificadas en Mella y Carlos Baliño, se constituiría en La Habana el primer Partido Comunista.

El ascenso de Gerardo Machado a la presidencia en ese mismo año representa la alternativa de la Oligarquía frente a la crisis latente. El nuevo régimen intenta conciliar en su programa económico los intereses de los distintos sectores de la burguesía y el capital norteamericano, ofrece garantías de estabilidad a las capas medias y nuevos empleos a las clases populares, todo ello combinado con una selectiva pero feroz represión contra adversarios políticos y movimientos opositores.

Pero, tras ese halo de eficacia administrativa, el gobierno intentó ponerle fin a los conflictos entre los partidos, asegurándoles el disfrute del presupuesto estatal mediante la fórmula del cooperativismo. Con el consenso que logró, Machado decidió reformar la constitución para perpetuarse en el poder.

A pesar de las “mejoras” alcanzadas durante los primeros años de mandato, Machado no consiguió acallar la disidencia de los políticos excluidos, y mucho menos destruir el movimiento popular. Acosadas por los excesos cometidos por el régimen y el rápido deterioro de la situación económica bajo los efectos de la crisis mundial de 1929, estas fuerzas mostraron creciente hostilidad.

Fue en los inicios de la década del 30 cuando empezaron a crearse las condiciones propicias para lo que sería el estallido revolucionario.

El generalizado repudio a la injerencia norteamericana y la corrupción gubernamental dieron lugar a diversas corrientes de expresión de las reivindicaciones nacionalistas y democráticas.

Los estudiantes, intelectuales y el proletariado, puntales fundamentales de la oposición machadista, desencadenaron una interminable sucesión de huelgas, atentados y sabotajes como la de los Aprendices en 1902 y la de la Moneda en 1907, la Protesta de los Trece (1923), la Liga Antiimperialista (1923) entre otras, que más tarde llegaron a constituir una verdadera oleada insurreccional. Todo esto contribuyó al alza de una conciencia nacional que años atrás se venía formando y que más tarde tendría su punto culminante en la Generación del Centenario.

La dictadura respondió con un aumento de la represión, que llegó a niveles intolerables. En 1933, el régimen de Machado estuvo a punto de dar paso a una revolución.

A tal punto, que alarmado por la situación en la Isla, el presidente Franklin Delano Roosevelt designó embajador en La Habana a B. Summer Welles. Su misión era encontrar una salida a la crisis dentro de los mecanismos tradicionales de dominación neocolonial. Pero la mediación de Welles se vio superada por los acontecimientos: el 12 de agosto, Machado huía del país, derrocado por una huelga general.

El gobierno provisional que crearon los sectores derechistas de la oposición bajo los auspicios del embajador norteamericano se extendería apenas un mes. Un levantamiento de las clases y soldados del ejército junto con el Directorio Estudiantil Universitario y otros grupos insurreccionales llevó al poder un gobierno revolucionario presidido por Ramón Grau San Martín.

Este gobierno, aprobó y puso en práctica diversas medidas de beneficio popular, principalmente por iniciativa de Antonio Guiteras, Secretario de Gobernación. Pero, sólo pudo sostenerse unos meses en el poder, debido a la hostilidad de Estados Unidos y víctima en parte de sus propias contradicciones internas. Además, el ex sargento y coronel jefe de ejército Fulgencio Batista, había jugado un importante papel en la caída de este gobierno, expandiendo su influencia negativa en el proceso político.

Los partidos restaurados en el poder, a pesar del irrestricto apoyo norteamericano expresado en la abrogación de la Enmienda Platt, y las medidas de estabilización económica, mostraron una franca ineptitud en el ejercicio del gobierno.

Con la aprobación de una nueva Carta Magna para la República en 1940, el pueblo cubano puso sus esperanzas en los cambios socioeconómicos y políticos que prometía, sin embargo muchas de las medidas requerían para su ejecución práctica de una legislación complementaria y los gobiernos posteriores al 40 bloquearon esas leyes para salvaguardar los intereses de las clases explotadoras.

Con esta nueva Carta Magna, que recogía importantes reivindicaciones populares, se abrió un nuevo período de legalidad institucional. Pero la realidad cubana se mantuvo igual.

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