Naciendo

Maceo y Che, Dos héroes en la raíz del carácter cubano
La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba
Naciendo.- La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba

Por:- Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu
Naciendo.- Hombre parco, observador, tajante, narrador tremendo y sensible poeta, el Che es tan de Cuba como Maceo.

«Va a encenderse. / Se apaga / Va a nacer». Solo un poeta para entender a otro poeta. Así dice Guillén, en versos, la muerte del Che, y nos devuelve la cualidad distintiva del guerrillero como figura histórica: no morirse nunca.

El Che renace porque los ideales que movieron su vida están en el centro de lo mejor de la especie humana, y son la aspiración de las almas buenas; aquellas que, aunque no les alcancen las fuerzas para llegar tan lejos en el sacrificio, admiran y respetan a quienes sí rozaron los más altos grados de elevación moral.

Guevara es el horizonte, un hombre que se hizo ideal sin que su esencia terrena se difumine. El que se ponía al frente en lo difícil y era el último en retirarse. El que de pronto se detenía solo para escuchar el canto del sinsonte.

Naciendo.- Nuestro Ernesto -Che- Guevara en 2023

Hombre parco, observador, tajante, narrador tremendo y sensible poeta, el Che es tan de Cuba como Maceo. Porque la fecha coincidente del nacimiento sugiere obviar lo fortuito para centrarnos en ciertas verdades: los héroes que la Isla venera son los que hicieron una divisa de la intransigencia frente a quienes causan el dolor de la Patria y de su gente.

No ceder ante pactos indignos, no traicionar los ideales de lucha, no dejarse embaucar ni un poco con las zalamerías de los enemigos poderosos y prepotentes son lecciones que ambos dejaron para una posteridad que se niega a encerrarlos en el panteón del frío mármol, donde los próceres nada cambian.

Antonio Maceo y su esposa María Cabrales

Ellos, por el contrario, andan por la calle, cotidianos, como símbolos de la hidalguía, de todas las resistencias; e incitan a sentir el orgullo de compartir su misma tierra y su mismo amor revolucionario.

En la tozudez de preservar la bandera, en la arremetida contra lo injusto, en la convicción de que sin independencia no hay honor ni futuro, están ambos, naciendo siempre.

La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba
Naciendo.- La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba. Foto: Santiago Romero Chang

El suelo más firme del oriente cubano

Sobre los avatares del proceso creativo del Monumento Nacional — la plaza, escenario de grandes conciertos, visitas de tres Papas, mandatarios extranjeros y del último velatorio de las cenizas de Fidel Castro—, Sierra Maestra conversó con Alberto Lescay Merencio, jefe del equipo encargado de su construcción.

—¿Cómo llegaron al certamen que dio lugar a la Plaza?

Esta fue la primera obra de su tipo, en la Revolución, realizada mediante un concurso, porque, excepto la ‘José Martí’ de La Habana, las plazas se realizaban por encargo, como las de Bayamo y Santa Clara.

Ese concurso tuvo dos características que lo hicieron peculiar: una fue organizar equipos interdisciplinarios, un requisito necesario en estos empeños, iniciado por la admirada Rita Longa, líder del movimiento escultórico en Cuba. Es decir, que no se trataba solo de un escultor que presentará un proyecto en la plaza.

Armé mi equipo para la plaza, con estrellas dentro del campo como Guarionex Ferrer Estiú, quien era —al regreso de mis estudios en la URSS—, el mejor escultor santiaguero, y nos conocíamos desde la Escuela Nacional de Arte (ENA). Luego necesitábamos un ingeniero y contactamos con Esteban Ferrer, un profesional muy talentoso; como historiador tuvimos al gran Joel James Figarola, conocedor del tema maceísta; y seguimos sumando especialistas hasta conformar el equipo que, en un momento, tuvo 19 miembros.

En el concurso, otra de las novedades fue el estilo del jurado. Se exhibieron todos los trabajos en el salón de la ciudad, se invitó a los miembros de los equipos para que presentaran sus proyectos ante personalidades que decidirían sobre la calidad y funcionalidad de este.

A esos dos encuentros acudieron las autoridades del Partido, el Gobierno, los especialistas, todos los órganos decisores como Planificación Física, la Comisión de Historia, las FAR, el Minint; y mediante ese proceso de decantación, donde en la segunda y última vuelta quedamos dos equipos, ganamos el honor y el derecho a realizar esta plaza.

—¿Cuán difícil fue aunar personalidades, inquietudes artísticas y estilos estéticos diferentes para crear un concepto global con el proyecto?

Si tuviera que hablar del rol fundamental que desempeñé en el equipo diría que fue, justamente, el factor de coordinación de todos esos talentos para conducir nuestros criterios hacia un objetivo coherente, de alto vuelo estético y funcional. Fue la tarea, como responsable del grupo, más compleja pero que más disfruté, y continuó con esa proyección. Me gusta trabajar en equipo, porque hacer una obra de este tipo, y hacerlo bien, es imposible con una sola persona.

Esta no es una plaza de autor. Nadie puede atribuirse una parte porque no fue así, no le estaríamos haciendo justicia a la verdad. Todos participamos en todo: la concepción del salón, los vitrales, la figura ecuestre, el recinto de la Llama Eterna, por qué los machetes de esa manera…, todo fue estudiado en largas y complejas sesiones de trabajo y discusión del equipo. Por eso funciona”.

—Y cuán complicado fue el trabajo en la duración del proyecto. Fueron años…

Sí, en 1982 abrió la convocatoria del concurso y se nos dio cerca de seis meses para trabajar, de los cuales los primeros tres fueron de planeación, los otros de corrección de errores, y ese mismo año inició la construcción hasta el 1991. Nueve años.

Una vez que fuimos elegidos ganadores nos dividimos el trabajo por especialidades. Los diseñadores concretaron el proyecto ejecutivo de las áreas, para los machetes hubo que investigar en qué taller de Cuba se podían realizar, hasta que encontramos uno con los requisitos que buscábamos en Las Tunas, y para allá fue Guarionex.

A mí me tocó la figura ecuestre de Maceo y tuve que crear las condiciones, comenzando por el taller, porque no existía uno de ese tipo en Cuba. Hubo que localizar un espacio, hacer el proyecto del local, crear una escuela de fundidores, soldadores, paileros, ya que el único con los conocimientos —mi profesor de la ENA, Hipólito Nodarse— era mayor, y me dijo: “Lescay, yo no quiero morirme fundiendo tu escultura”. Entonces nos apoyamos en un camagüeyano muy valiente, Ramón La Paz, que tenía nociones y aceptó el reto.

Tampoco conocíamos experiencias parecidas fuera del país, fundir una escultura de más de 100 toneladas en bronce, mediante la técnica de la arena, más todo lo que significa el modelado, el vaciado, el montaje en obra y el andamiaje que había que crear, incluida la grúa viajera de 22 metros de altura que se manejaba desde tierra.

La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba
Naciendo.- La Plaza de la Revolución Antonio Maceo en Santiago de Cuba. Foto: Santiago Romero Chang

Fue un proceso de aprendizaje muy importante. Así tuvimos el taller de San Luis, que fue y es imprescindible para realizar una obra como esta, tan compleja, además quedó para el futuro con el fin de hacer esculturas de carácter monumental y público.

—Este proyecto abrió un camino a trabajos que, en el día de hoy, se siguen realizando y para la formación de otros artistas: los talleres Caguayo.

Así es, y luego la Fundación Caguayo, que es consecuencia directa de esta plaza. El equipo donó los derechos económicos de la obra para algún proyecto sociocultural, porque consideramos que a los Maceo Grajales no se les podía cobrar, y uno de los privilegios que tengo es haber asombrado a Fidel con ese acto, cosa poco común.

Me llamó al podio durante el IV Congreso del Partido para que le explicara, y al confirmarle que lo dejábamos todo, me dijo en voz baja: “si algún día necesitan algo, llamen”. Cuatro años después, cuando tengo la idea de la Fundación para dar seguimiento al trabajo de los talleres, porque nadie quería hacerse cargo de estos, los abogados me preguntan: “con qué capital cuentas”. Recordé las palabras del Comandante. Preguntamos y, efectivamente, el donativo estaba intacto en el Gobierno y ese fue el capital inicial, más los talleres que nos entregaron posteriormente.

—Durante ese tiempo, ¿cuál era la reacción de las personas?

Fue cerca de año y medio con esos andamios enormes, y era como un misterio ver ese proceso lento, para lo que la gente estaba acostumbrada y por la complejidad. Se hacían muchas preguntas y hasta chistes.

Hubo una etapa en que paramos porque no sabíamos cómo continuar. Todo fue muy duro, era la primera vez y no teníamos a quien preguntarle. Armar un rompecabezas en tres dimensiones y que saliera la figura de Maceo y el caballo en el aire, sin 3D ni computadora, fue una gran aventura creativa.

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En un momento en que nos sentíamos muy presionados porque se acercaba la fecha del IV Congreso, y comenzó el estrés por parte de las autoridades encargadas de supervisar que las obras estuvieran en tiempo; yo sentí que se podía afectar, y de hecho se estaba afectando, la calidad del proceso de realización de esta plaza, no en cuanto a la escultura, sino toda la obra civil: los pisos, las paredes. Esto es una obra de arte a complejidad, todo aquí es arte.

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El Che en CMKC, Radio Revolución, señal de Excelencia y Distinción. Portada: Santiago Romero Chang

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