Todo no empezó el 6 de octubre de 1976, con la voladura del avión de Cubana de Aviación apenas despegó de Barbados. Fue quizás el más monstruoso, el que conmovió a millones de personas en nuestro país, América y el mundo, pero han sido miles las heridas o cicatrices que nos han dejado los actos terroristas contra personas inocentes del pueblo, financiados o con el conocimiento de las agencias de inteligencia y el Gobierno de Estados Unidos.(Tomado de Trabajadores)

Por el simbolismo, por el dolor que desgarró el alma y mucho más, por la rabia de haber visto en libertad a los autores intelectuales de aquel horrendo crimen, esa fecha fue acordada como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado.
Y en esas horas recordamos también a los mártires por la explosión del buque La Coubre, del incendio provocado en la tienda El Encanto, en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray; por las bombas en los hoteles de La Habana (una de ellas mató al turista italiano Fabio Di Celmo), por el atentado al círculo infantil Le Van Tam, y de tantos otros hechos abominables.
Como también fue práctica terrorista planear asesinatos a nuestros dirigentes (específicamente a Fidel Castro Ruz); introducir plagas y quemas de cañaverales, asesinar a funcionarios en misiones diplomáticas, armar comandos militares para infiltraciones por costas cubanas. Hoy la expresión más cruda alcanza incluso al Sistema Electroenergético Nacional, con no pocos casos comprobados de sabotajes o incendios a unidades de generación.
Todo no comenzó el 6 de octubre de hace 50 años. Aquellos 73 cuerpos de los que solo se encontraron unos pocos nos hicieron llorar de impotencia por tanta canallada, esa que trató de aplastar la Revolución cubana desde su triunfo el 1.° de enero de 1959. Y no ha dejado de hacerlo.
Hoy luchamos contra el terrorismo de Estado, en su fase suprema, el bloqueo y la asfixia, el de privarnos de alimentos, medicinas y combustible.
Seguimos siendo enérgicos y viriles. Por eso sigue temblando la injusticia.























