A 152 años del grito de Céspedes en Demajagua

A Céspedes y demás próceres de la independencia

A Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de las gestas independentistas hace 152 años, y a José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, ofrendas florales del Primer Secretario del Partido Comunista, Raúl Castro, y del Presidente, Miguel Díaz-Canel.

El homenaje a Céspedes, que provino también de Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y del pueblo, incluyó similar trbuto ante las tumbas de Mariana Grajales, Madre de la Patria, y de Fidel Castro, líder histórico de la Revolución.

Cerca de la tumba de Céspedes, en el cementerio patrimonial de Santa Ifigenia, Monumento Nacional, se dieron cita las principales autoridades de la provincia y una representación de los santiagueros, quienes, en nombre de los cubanos, evocaron el gesto fundacional del patricio bayamés en el ingenio La Demajagua.

Céspedes, denominado como el Padre de la Patria, tiene reposo eterno en un conjunto escultórico de notable belleza que le rinde honor después del azaroso recorrido de su cadáver tras ser virtualmente asesinado por un destacamento militar español en las serranías de San Lorenzo.

A Céspedes, el monumento funerario está desde octubre de 2017, en la explanada frontal de la necrópolis, a los de la madre de los Maceo, del Apóstol de la independencia y del guía revolucionario que llevó a la realidad los sueños libertarios y de dignidad defendidos durante más de un siglo.

El apelativo de Céspedes como el Padre de la Patria tuvo su origen cuando, ante la disyuntiva de liberar a su hijo Oscar, prisionero de huestes coloniales, puso por encima la causa de la independencia al afirmar que no era su único descendiente pues se consideraba el padre de todos los cubanos muertos por la revolución.

A Céspedes y demás próceres de la independencia
A Céspedes y demás próceres de la independencia

Céspedes en La Demajagua, al mediodía del 10, arengó a los reunidos proclamando su determinación de Independencia o Muerte y proclamó la libertad de sus esclavos. Siguiendo su relato de los sucesos del 10 de octubre dice el general Masó:

Eusebio Leal Spengler: La nación cubana ha reconocido a Céspedes como el Iniciador

El General en Jefe reunió sus esclavos y los declaró libres desde aquel instante, invitándoles para que nos ayudasen si querían, a conquistar nuestras libertades; lo mismo hicieron con los suyos los demás propietarios que le rodeábamos.[4]

Carlos Manuel de Céspedes acababa de entrar en la inmortalidad al retar el secular poderío español con un puñado de hombres desarmados.

El inolvidable Eusenio Leal habló así en Satiago de Cuba de Carlos Manuel de Céspedes

Céspedes, el domingo 11 de octubre, alrededor de la una de la mañana, partió con sus huestes de La Demajagua. Iba hacia la sierra de Naguas, considerada por él y sus colaboradores más inmediatos, el primero de ellos Bartolomé Masó, quien recogió el hecho para la posteridad, como un lugar adecuado para esperar la incorporación de grupos alzados en varios lugares de la comarca.

Para tomar el camino de ascenso más practicable, el ya bautizado Ejército Libertador marchó en dirección a Yara, de donde parte dicho camino.

Al anochecer penetraron los patriotas en el pueblo, estrenando el grito de ¡Viva Cuba libre!

Sorpresivamente toparon con una muralla de fuego.

Simultáneamente por el otro extremo del pueblo acababa de entrar una columna española procedente de Bayamo, la cual recibió a los confiados libertadores con descargas de fusilería, causando entre ellos primero el asombro, después la dispersión y entre una y otra cosa la primera baja definitiva del Ejército Libertador, Fernando Guardia Céspedes y la primera del ejército colonialista.

La fácil victoria sobre los insurrectos obtenida en Yara fue participada de modo inmediato a las autoridades superiores de la colonia y dada a la publicidad como advertencia a desafectos al régimen.

Era desde luego imposible a quienes se vanagloriaban de aquel éxito de las armas españolas, percatarse de la verdadera significación de aquel encuentro.

El caso es que del mismo surgió la notoriedad de Yara, donde por primera vez los cubanos probaron su determinación de batirse, aunque fuera con unos cuantos fusiles anticuados, con el afamado ejército español.

Aquella fue una prueba tremenda para Céspedes, pero inmediatamente reaccionó ante su primer descalabro.

Aquella negra noche del 11 al 12 de octubre de 1868, cuando reanudó su marcha hacia la Sierra con un puñado de hombres, uno de ellos apuntó qué pronto había terminado la empresa iniciada en La Demajagua. Y según el testimonio de otro de los acompañantes, Céspedes se irguió sobre los estribos y replicó: ¡Aún quedamos doce hombres; bastan para hacer la independencia de Cuba!

Ya con las fuerzas incrementadas por los nuevos alzamientos producidos, tomaron el caserío de Barrancas el 15 de octubre y pusieron sitio a Bayamo a partir del 18, tomándola el 20 de octubre.

Céspedes fue acogido por la población como su libertador.

Céspedes se autoproclamó capitán general del Ejército Libertador con el objetivo de lograr un nivel acorde con la máxima autoridad española en la Isla. No obstante, el 29 de enero de 1869, en Tacajó, renunció a emplear tal denominación.

A Céspedes y demás próceres de la independencia
A Céspedes y demás próceres de la independencia

Céspedes, aunque era firme defensor de la abolición total de la esclavitud, se vio precisado a dictar un decreto, el 27 de diciembre de 1868, en que ésta se establecía de forma gradual e indemnizada.

Con ese gesto Céspedes intentaba captar a los terratenientes, de los cuales esperaba obtener recursos que permitieran adquirir las armas necesarias para la guerra.

Durante un receso de la Cámara de Representantes, Céspedes firmó el decreto que establecía la abolición de la esclavitud.

Céspedes, el hombre de las dificultades, pero siguió adelante.

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