Por- Isabel María Ferrera Téllez
El calendario de la historia cubana está salpicado de fechas que, como faros, guían el camino de su soberanía y autodeterminación. Sin embargo, hay un día en particular que se erige como un verdadero nudo gordiano de la gesta independentista y revolucionaria: el 24 de febrero.

Más allá de ser una mera coincidencia, este día ha sido testigo de eventos que han asegurado la continuidad de un ideal forjado en sangre y sacrificio, una muestra de que la historia, en manos de un pueblo decidido, puede ser planificada y resonar a través del tiempo.
El primer gran hito de esta tríada temporal nos remonta a 1895. El 24 de febrero de aquel año, el vibrante Grito de Baire se alzó como el clarín de una nueva etapa en la lucha por la independencia definitiva de Cuba del yugo colonial español.

Aquella jornada fue el resultado de una meticulosa planificación de José Martí y otros patriotas, una insurrección coordinada en diferentes puntos del oriente de la isla que marcó el inicio de la Guerra Necesaria.

Baire simbolizó la irrenunciable voluntad de un pueblo de ser dueño de su destino, un fuego sagrado que encendió la conciencia nacional y sentó las bases para la república soñada. Fue la voz de la libertad naciente, articulada a través del sacrificio y la convicción, el germen de todo cuanto vendría después.
Sesenta y tres años después, el destino volvió a llamar a la puerta del 24 de febrero, esta vez con una herramienta de combate moderna y esencial para la comunicación revolucionaria: la radio.

En plena Sierra Maestra, en 1958, el mismo día en que antaño resonó el Grito de Baire, vio la luz Radio Rebelde. Fundada por el Comandante Ernesto Che Guevara por orientación de Fidel Castro, esta emisora clandestina se convirtió en la voz de la Revolución en marcha.
En un contexto de censura y desinformación, Radio Rebelde fue el cordón umbilical que unió a la guerrilla con el pueblo cubano, transmitiendo la verdad de los combates, las proclamas revolucionarias y la moral inquebrantable de los barbudos.
Su primera emisión el 24 de febrero fue un guiño poderoso a la historia, una afirmación de que la lucha actual era la digna continuadora de la gesta mambisa, utilizando las herramientas del siglo XX para el mismo ideal de soberanía.
La voz de Radio Rebelde se convirtió en el eco amplificado del Grito de Baire, resonando en cada hogar, en cada corazón, llevando la esperanza de la victoria a cada rincón de la Isla.
Y la historia, caprichosa y certera, quiso que el 24 de febrero volviera a ser fecha de fundación, esta vez para una voz local que enraizaría la historia en el presente y el futuro de la Revolución consolidada.
Treinta años después de la primera emisión de Radio Rebelde, y exactamente 93 años después del Grito de Baire, el 24 de febrero de 1988 marcó la inauguración de la emisora municipal Radio Grito de Baire en Contramaestre, Santiago de Cuba.

Este acto fue una declaración de principios, una bien planificada materialización de la continuidad histórica que caracteriza a la Revolución Cubana. Nombrar a una emisora local «Grito de Baire» y hacerla nacer el día del grito independentista y de la radio guerrillera es un tributo viviente.

Es un compromiso con la memoria, con los valores fundacionales de la nación y con la ininterrumpida vocación de libertad y justicia social que define a Cuba. Radio Grito de Baire es una emisora cultural y comunitaria que, desde el territorio, recuerda a cada cubano el origen de su nación y el camino andado, asegurando que el espíritu de lucha y la verdad sigan resonando.
Así, el 24 de febrero se consagra como un día emblemático, un hilo inquebrantable que teje la epopeya cubana desde la insurrección mambisa hasta la consolidación de la obra revolucionaria. El Grito de Baire, la primera emisión de Radio Rebelde y la fundación de Radio Grito de Baire son capítulos distintos de una misma narrativa, voces diferentes que entonan la misma canción de patria o muerte. Son la prueba palpable de que la Revolución, en Cuba es un proceso dinámico y continuo, profundamente arraigado a su historia y proyectado hacia su porvenir, siempre con el eco vibrante de un 24 de febrero.






















