Pesar por el Doctor santiaguero Fernando Rabionet, Adiós a otro hombre bueno

Pesar por el Doctor santiaguero Fernando Rabionet, Adiós a otro hombre bueno
Pesar por el Doctor santiaguero Fernando Rabionet, Adiós a otro hombre bueno
Pesar por el Doctor santiaguero Fernando Rabionet, Adiós a otro hombre bueno. Portada web: Santiago Romero Chang.

Portada web: Santiago Romero Chang
Foto original: Eduardo Palomares
«Se nos ha ido otro hombre bueno: el doctor santiaguero Fernando Rabionet, quien dedicó su vida entera a sanar y también a enseñar cómo hacerlo. A su querida familia y amigos les extiendo mis más sentidas condolencias.»

Así escribió en su cuenta en Twitter, el Primer Secretario del Comite Central del Partido y Presidente de la Republica de Cuba, Miguel Diaz-Canel Bermudez.

«Primero me infarté en 1984 y a los dos meses volví a ponerme la bata blanca, o porque tras la agudización del padecimiento tuve que ser intervenido del corazón en nuestro cardiocentro, el 21 de julio último, y apenas tres meses después ya estaba aquí…» dijo Doctor santiaguero Fernando Rabionet en entrevista publicada el 4 de diciembre de 2014.

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Pesar por el Doctor santiaguero Fernando Rabionet, Adiós a otro hombre bueno. Portada web: Santiago Romero Chang.

No hay vida sin la medicina

4 de diciembre de 2014 22:12:40
Ejemplo de consagración, el doctor Fernando Rabionet no concibe su mundo sin sus pacientes y sin la posibilidad de curar

SANTIAGO DE CUBA.—Como si el ejemplar desempeño de la profesión durante casi cinco décadas, no bastara para incluirlo por derecho propio en ese destacamento que a diario dignifica la medicina cubana, a sus 72 años de edad, el doctor Fernando Rabionet Carballo ha vuelto a demostrar que su corazón pertenece a sus pacientes.

“¿Lo dices —interfiere con jovial picardía—, porque primero me infarté en 1984 y a los dos meses volví a ponerme la bata blanca, o porque tras la agudización del padecimiento tuve que ser intervenido del corazón en nuestro cardiocentro, el 21 de julio último, y apenas tres meses después ya estaba aquí…?”.

Lo cierto es que convenciendo a colegas y a su esposa e hija (médicos también), de su plena recuperación y de que en fin la medicina es su vida, con la mayor sencillez del mundo enfiló los pasos hacia su jefatura de la Sección de Litotricia Extracorpórea, del Hospital Provincial Saturnino Lora Torres.

Egresado en 1967 de la primera graduación de médicos formados por la Revolución fuera de La Habana (Universidad de Oriente), fue junto a su compañera de toda una vida, Teresa Joa Mesa, a trabajar a Bayamo por tres meses, y luego de permanecer tres años y medio se integró a la institución santiaguera que considera su segunda casa.

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“Urología fue la asignatura en que más bajas calificaciones obtuve en la carrera —confiesa—, pero quizá influenciado por la litiasis que padecía mi madre, o por la impecable organización que mantenía el ya fallecido doctor Pedro Paredes Vila en ese servicio del Lora, fue que me decidí por esta especialidad.

“Hoy puedo decir —agrega el Especialista en 1er. y 2do. Grado—, que en estos más de 45 años he hecho realidad mis sueños, pues he realizado miles de operaciones entre todas sus variantes, he contribuido en la formación de decenas de especialistas, y gozo del respeto y cariño de mis pacientes, los colegas y la dirección del hospital.

“Además, aquí conocí y me enamoré de la Litotricia mediante el desvelo del Comandante en Jefe Fidel Castro, sin dudas el padre de ese proceder en Cuba, pues bastó que conociera de la existencia de un equipo que rompía los cálculos sin operar, para que encomendara su introducción al doctor Enrique Larrea Masvidal, entonces jefe del Grupo Nacional de Urología.

“Así, fuimos después del hospital Hermanos Ameijeiras los segundos del país en contar con esa tecnología, bastante cara por cierto. Fidel vino a su inauguración en julio de 1988, en 15 minutos me hizo 17 preguntas, hablaba de sus beneficios para el pueblo, nos instaba a cuidar el equipo, y creo que hemos cumplido con él.

“Es que al prescindir de la intervención quirúrgica, aquí se humaniza el tratamiento mediante el empleo de hondas de choque, que en casos requeridos pueden combinarse con la endoscopía, y lograrse mediante el apoyo de ambas una técnica muy efectiva, y menos agresiva para el paciente”.

Para el también Profesor Auxiliar y Profesor Consultante nunca han faltado propuestas de trabajo en el extranjero, como la de una reconocida institución de París, y de centros de nuestra atractiva Habana, pero a todas ha respondido: “A mí no me saca nada ni nadie de Santiago de Cuba.

“Yo soy de una humilde barriada santiaguera —argumenta—, mi madre era taquillera del cine Cuba y mi padre vendía dulces en Enramadas, y siempre he visto lo que soy como un compromiso con Santiago de Cuba, una ciudad a la que amo y de la cual me siento orgulloso de ser hijo, como lo son mi esposa y mis dos hijos.

Para mí —enfatiza—, lo más grande del mundo es levantarme cada mañana y salir para el hospital, ver a mis pacientes, jaranear con ellos, darles confianza en su recuperación. Es recibir el cariño de mis compañeros y tener esta familia que me aguanta todo eso, porque sabe que si me encierra en la casa me mata”.

Autor: Eduardo Palomares Calderón
Foto original: Eduardo Palomares C.

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